Me encantaba cuando mis
manos palpaban la pelambrera de mi
antiguo percherón antes de trepar por su abdomen, llegar a su lomo y emprender
una excursión a galope por los herbazales de los contornos. Con la brisa veraniega,
suave y a la vez enérgica, colisionando en mi rostro.

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada